Chiringuito

La playa fue estupenda, no puedo decir nada  ;  inmensa, de arena  blanca  , limpia y bien arreglada. Una playa de esas nuevas urbanizaciones cuadrados del plano y de la arquitectura ,  normalmente son del color blanco o , como mucho ,combinado  con el amarillo o el verde. Sin ningun toque de personalidad ,con las calles que no tienen curvas  y suelen llamarse Oslo, London  o Bristol.

No sé como para los  de Bristol , pero a mi no me hizo ninguna  gracia esa idea de marqueting .

El ” chiringuito” ,lo pongo entre comillas ,así que no sé si se puede llamarse chiringuito la terraza  de unos cincuenta mesas impecables , blancas y con las sillas al juego  . Contaba con  cinco camareros que tenían  pinta de bomberos , elgantísimos con sus tupés ,  tatuajes  y delantales negros . Precisamente esa combinación , bastante exitante,   de los delantales y los pantalones cortos   me despistó definitivamente.  Bien entrenados, me atendieron profecionalmente  en un minuto, pero sin hacerme algun  caso personal , como si yo fuera una pieza de cadena de montaje. Todo fue absolutamente industrializado  y, para el colmo ,me advertieron que la mesa que yo eligí estaba reservada y en quince minutos tendría que dejarla,

¿Entonces para mi modesto desayuno con una taza de café y una tostada  habrá  que reservar la mesa ? ¡ En un chiringuito!    Es lo que me quitó el sabor del café, el olor del mar , me borró el brillo del sol , la playa se hizo sosa y aburrida y el fragor de las olas  amenazante y pesado.

Tragando de prisa mi desyuno me acordaba  con añoranza las estrechas y preciosas  calles del aquello pueblecito al lado  del mar   donde enfrente de la Casa de dos Enanos en la viejisima villa Carmencita, escondida entre los arbustros de jasmín,    pasaba siempre mis dos semanas veraniegas. Para ir a la playa intentaba , sin mucho éxito, evitar   la Plaza Preciosa   donde en  la cafetería   “Abuelica Antonia”  vendían milhojas caseras  ; crujentes , esponjosas , rellenas de crema y cubiertas de nata. El primer bocado lo hacía con los ojos cerrados lentamente saboreando la dulzura del pastel mezclado con el ligero amargor del café y la salada brisa del mar.

La curvada calle de Los Pescadores me llevaba a la pequeña cala Conchita  donde me esperaba con inquetud el mar.  Bajando la  vieja escalera, sin barandillas y con las estrechos peldaños de piedra desgastada, saludaba a Paco  que ya había tomado  su chupito matinal de Veterano y estaba listo para empezar el día nuevo en su chiringuito  de tres mesas  con las sillas sueltas  de destintos colores.

-“¿Te has echado ya algun novio de verano? “- con la misma pregunta todos los días –  “Es que tengo un amigo ,  te va a gustar “- seguía el preparandome, sin preguntar, mi café con leche en taza  y con mucha espuma.  Y , precisamente en ese momento, me interrumpió  mis dulces recuerdos  la familia de los robustos  y rojos alemanes intentando explicarme   que la mesa estaba reservada.

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18 comentarios sobre “Chiringuito

    1. Lo que me parece absolutamente absurdo es venir de Oslo para pasar dos semanas de vacaciones y vivir en la calle con el mismo nombre en una urbanizacion “estándar” igual que la de Noruega . A pesar del mar yo lo viera como las vacaciones perdidas. Bueno, en España hay de todo y para todos los gustos Un beso.

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      1. Yo pienso algo parecido con lo de pasar medio día en un avión para estar una semana metido en un complejo hotelero. Me gusta hacer turismo y conocer los sitios a los que voy. Pero es cuestión de gustos.
        Un beso

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  1. Un chiringuito es algo improvisado e informa a pie de playa. Donde vas a desayunar es otra cosa que salpimentas con notas picantes y buen humor. El de Paco sí que es un auténtico chiringuito con sillas desparejas y acceso peligroso. Lo otro es una modernidad arquitectónica frecuentada por lozanos teutones que tienen la precaución de reservar una mesa. Un abrazo.

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    1. Estaba precisamente a pie de la playa , cumplía con este requisito , lo único que no tuvo era el ambiente de cercanía , atmósfera casera y amigable. Y no pudo tenerlo atendiendo a la vez un centenar de personas. Fue un puro ejemplo de la industría turística , que nos quita todo el placer de lo auténtico sustituyendolo por el confort . Ya no se cuentan con las personas sino con los clientes. Bueno, el progreso es imparable. Un beso.

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  2. Muchos chiringuitos van de sobrados, sobre todo en los meses de verano. Es decir, podríamos decir, de manera literal, que le sobran los clientes. Te echaron a los quince minutos y encima pensarían que les tenías que dar las gracias por haber dejado que te sentaras. Odio esa sensación, que transmiten algunos bares, restaurantes y sitios así, de sentir cómo si fueras un intruso o como si te estuvieran haciendo un favor, por ejemplo cuando te desgañitas para pedir lo que quieres y, después de diez minutos, te echan la bronca porque están muy atareados. Muy bonito el relato, Laacantha. Abrazos.

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    1. Y no es que sobran los clientes , sino la desapareción del primer encanto de España …la auténtica antiguedad, simplicidad y cercania casera. Pues, no se puede detener esa arma de destrucción masiva que se llama Progreso. Es lo que me hace triste. Un beso. Con ello pienso que para mis nietos( no los tengo todavía) la auténtica antiguedad va a ser precisamente ese chiringuito de 50 mesas impecables y con las sillas a juego. No se puede entrar dos veces a las mismas aguas del Rio.

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  3. Recuerdo hace muchos años cuando llegó la leche envasada. Hasta entonces la traía la lechera, luego se cocía, y con la nata mi madre hacía galletas. Todo entonces eran alabanzas del progreso. Era cómodo, práctico e higiénico, algo más caro, pero merecía la pena.
    Cincuenta años después estamos buscando un pueblecito de montaña dónde poder comprar a precio astronómico leche recién ordeñada.
    Y es que el avance transita sobre el eje de abscisas, y el progreso sobre el de ordenadas.
    Resulta pues evidente que no todo avance es progreso.
    Saludos

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    1. No, no todo avance es progreso, es por un lado y por otro lado ya es imposible proporcionar la leche recien ordeñada a todo el mundo. Lo primero porque somos muchos , mucho más lo de antes. Lo segundo es que el progreso tiene la bandera equivocada : el consumo sin limites. El consumo sin limites nos va a matar a todos al final. Un abrazo de solidaridad por la leche fresca. Adoro la leche recien ordeñada , se asocia también con la niñez.

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    1. Muchas gracias por pasar por aqui, Álvaro! Coincidimos, también soy de los sitios que tienen su propio estilo, encanto y sencillez …odio la perfecta semejanza industrializada y bien organizada. Un abrazo.

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